Todos los años somos víctimas obligadas del ridículo ritual del cambio de hora y, más encima, por partida doble: al comenzar el horario de verano y al terminar el horario de verano. Supuestamente se hace para ahorrar energía eléctrica; sin embargo, ese supuesto efecto beneficioso no pasaría un análisis completo y riguroso. Por el contrario, cada vez son más los expertos que creen que este absurdo proceder acarrea muchos más costos que beneficios.
El cambio de hora me tiene hasta más arriba de la coronilla. Trabajo para una empresa punto com y mis colegas están repartidos por el planeta. Habitualmente participamos en videoconferencias y no hemos tenido dificultades para coordinarnos, excepto por el famoso cambio de hora. Burke, que vive en California, cambió de hora hace unos días, David que vive en Inglaterra cambiará de hora mañana, igual que yo que vivo en Chile. Jharna que vive en India permanecerá con la misma hora. Si hasta la semana pasada conversábamos todos los miércoles a las 12, hora chilena, ¿a qué hora deberemos hacerlo a partir de la próxima semana para minimizar tanto enredo?



El socioliberalismo comparte con otras formas de liberalismo, como el neoliberalismo, el libertarianismo y – curiosa o paradojalmente - también con el anarquismo, algunos de sus fundamentos filosóficos, planteados históricamente por figuras como Locke, Montesquieu, Voltaire y Hume, entre otros, y más recientemente por pensadores como Bertrand Russell, José Ortega y Gasset, Karl Popper y Jean-François Revel. En este sentido, es contrario a cualquier forma de autoritarismo – en particular al estalinismo y al fascismo – y aboga por el respeto universal de los Derechos Humanos.
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