El debate acerca de la píldora del día después y el aborto prácticamente ha sido monopolizado por los exponentes de dos posturas antagónicas que dicen defender respectivamente el derecho a la vida y el derecho de la mujer a elegir. ¿Son los dos extremos las únicas posibilidades? Estoy convencido que no es así y aquí presento lo que podría denominarse una postura intermedia para abordar estos importantes temas.
Cuando estaba en el colegio muchos me tildaban de “comunista” y en la universidad otros tantos me decían “fascista”. No es que yo hubiera cambiado tanto, sino que esas percepciones obedecían a una tendencia generalizada a extremar posiciones, tendencia que se manifiesta en todo orden de cosas. La gente tiende a percibir la realidad en blancos y negros, como si sólo hubiera buenos y malos, izquierdas y derechas, moros y cristianos.
En el caso de la discusión acerca de la denominada “píldora del día después” he constatado el mismo síndrome. Hay quienes se autodenominan “defensores de la vida” y quienes están por la “libre elección” de la mujer, como si fuera imposible buscar un término medio, un camino de moderación, un entendimiento razonable.



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